O el café, que para el caso da lo mismo.
Erase una vez, como en todos los cuentos, una joven muchacha que vivía en un pueblo bastante pobre y poco habitado de las montañas.
Sobre su librería tenía un muñeco de porcelana que estaba apoyado sobre una silla, vestido de cazador, herencia de su abuela y por ello muy apreciado.
El mayor sueño de esta muchacha, que ya hemos dicho que vivía en un pueblecito, era conocer el amor, la felicidad, la distinción.
Es por esto que, no sabemos cómo exactamente, llegó a un pacto con el diablo, a quien vendió su alma por hacer su sueño realidad.
El diablo no dijo cómo iba a llevar a cabo el trato, así que una mañana la muchacha se levantó de su cama con un asensación un tanto extraña. cuando se incorporó vió que era diminuta, no superaba casi los diez centímetros de altura, pero confió en el diablo que le había prometido la felicidad.Se bajó de la cama como pudo y vio a su lado un traje muy elegante de su medida, que se apresuró a ponerse.
A la salida de su habitación había un carruaje que la estaba esperando y que la condujo por maravillosos parajes hasta su salón, donde se encontró en la puerta de un modesto pero bonito palacio.
La instaron a entrar y y dentro había alguien esperandola. ¡Cuál fue su sorpresa cando se encontró de cara con la apuesta figurita de su abuela convertida en príncipe para ella!
Pasaron un día maravilloso por los jardines del palacio, columpiandose bajo las mini-encinas, comiendo sentados en el césped, conversando sobre la vida...Tan bien lo pasaron que el día llegó a la noche y con ella el amor entre ellos...
Fueron el día y la noche más maravillosos que había vivido la muchachita, que acabó rendida en la cama, durmiendo profundamente en el palacio del príncipe.
Cuando despertó por la mañana, todo seguía allí, en su sitio: el palacio en el salón, el sol en el cielo y el principe a su lado. Pero había un cambio: el príncipe ya no llevaba el pijama con el que se acostó, sino que iba vestido de cazador.
La muchacha se acercó a él e intentó despertarlo, pero le fue imposible. El príncipe se había tornado en porcelana y ella seguía siendo diminuta.
Y como el diablo no se apareció en ocasión alguna aunque ella se cansara de llamarlo, así se quedó.
Conoció el amor verdadero y la dicha absoluta, pero se había tornado en soledad y tristeza ya que, al ser pequeña, no había posibilidad de encontrar a nadie con quien siquiera hablar.
Su alma se consumió entre sueños, desesperanzas, arrepentimientos y recuerdos.
No vino ningún hada a salvarla, ni ningún príncipe a despertarla de una pesadilla.
Ella se lo había buscado, y lo sabía.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado, anque sin vivir felices ni comer perdices.
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Sí, sigo viva.
Demasiados párrafos, lo sé... En otros formatos quedaba mejor, creo , tampoco lo se seguro...


